Follow me on Twitter RSS FEED

Capitulo 17 Cuentos del paraíso azul 3

Posted in By Seth 1 comentarios

Athan había conocido a la que sería su esposa cuando los dos eran apenas unos niños. Su padre era un afamado músico de palacio, y dedico mucho esfuerzo destinado a que su joven hijo también se formase en el arte de Melpómene. Los enamorados crecieron juntos ignorando los peligros de un mundo que estaba despertando. Los padres de la joven proclamaban que su hija era un regalo de los dioses antiguos y la habían llamado Astra. Las familias habían acordado que cuando los dos llegaran a la mayoría de edad se unirían en matrimonio. Quedaban apenas unos meses para el enlace y el joven Athan se encontraba de vuelta a su hogar, después de una larga estancia actuando para el rey de Heraklión en las fiestas en honor a Europa. La noche era muy calurosa en alta mar y el joven apenas conseguía dormir veinte minutos seguidos. Así que decidió subir a cubierta esperando encontrar algo de brisa fresca. Ya se veían a lo lejos las luces de Thera, pronto regresaría a casa. Fue entonces cuando Athan se percato que había alguien más estaba en cubierta, un misterioso joven que había estado todo el viaje en la bodega.

-¿Tu tampoco puedes dormir “errante”? – Athan se acerco junto a él y le ofreció un vaso de agua.

- Voy a reunirme con alguien al que no veo desde hace mucho tiempo, y tampoco puedo dormir, debe ser que estoy algo nervioso.

- Mi nombre es Athan , hijo de Tethis y de Critias. Soy músico y pronto un hombre felizmente casado,¡oh, que ganas tengo de volver a mi hogar y poder estar junto a ella!. Te he estado observando y apenas has hablado con nadie, allí abajo solo. Perdona que sea tan impulsivo, pero es que me caíste muy bien desde que te vi.

- Tú también me caes bien. Conozco bien a tu familia a tus padres y a tus hermanos, sois buena gente, por eso decidí embarcarme con vosotros, porque sabía que sería una travesía agradable y segura. Las cenas han sido muy amenas con vuestras danzas y cánticos y las mañanas, bueno las he pasado durmiendo, pero como ya le dije a tu padre, tengo el habito de trabajar por las noches y me molesta la luz del día. Tal vez sea un castigo de Apolo, que se yo.

-¿sabes qué?, creo que deberías asistir a nuestra boda, seguro que también eres del agrado de Astra, por favor honrarías a nuestra familia con tu presencia, ¿lo harás?- Athan parecía entusiasmado.

- Lo haré si así lo deseas. Será para mi un honor que me invites a tu casa y me abras las puertas.

Pasaron tan solo unas horas y el barco llego a puerto. Allí fueron recibidos con los más altos honores y se les escolto hasta palacio. Ante ellos se encontraba la bella ciudad de Akrotini, rica por los bellos frescos de sus casas, que sin duda revelaban el alto nivel de vida de sus habitantes. El arte y concreto la pintura eran una perfecta unión allí. Los frescos abarcaban una amplia gama de temáticas, desde la representación de la vida cotidiana marítima, pasando por la representación floral de la zona, y los deportes cotidianos, hasta las más bellas y enigmáticas representaciones geométricas A los ojos de Athan y los demás habitantes nativos era una señal de la originalidad y la prosperidad de Thera, para los ojos cansados de un errante ser con el alma embriagada por la venganza, solo eran ecos de un mundo que ya no existía. Los azules de las pinturas, típicamente egipcios y el uso del lapislázuli, las representaciones de animales marinos, concretamente delfines, y el acabado final también estaban en clara armonía con la creciente cultura de otra isla cercana que estaba a la vanguardia del nuevo mundo, la isla de Creta. Todas estas conexiones conviertan a Thera en la punta de lanza de un nuevo mundo, un mundo que había nacido para morir abruptamente.

El gobernante de la cuidad, conocido como Atlas, había dirigido sus destinos con mano de hierro durante los últimos veinte años. Todo el mundo decía que estaba tocado por los dioses, pues su fuerza y su juventud, parecían no menguar ni un ápice con el paso del tiempo sino todo lo contrario cada día se acentuaban más.
El reencuentro entre Astra y Athan se produjo cerca de las murallas de Akrotini, se abrazaron y se besaron como si no existiera el mañana. Durante largo tiempo estuvieron charlando y riendo, rebosantes de felicidad. Tenían una gran cantidad de planes por delante, el más inmediato viajar a conocer las maravillas de Egipto, el siguiente intentar formar una familia. Descendieron por la ladera cogidos de la mano, ajenos al terrible acontecimiento que iba a producirse.

Pasaron unos días, y el gobernante Atlas ordeno a la familia de Athan amenizar una fiesta en honor a Poseidón. Sin duda era un acontecimiento social muy importante, acudieran las familias nobles y las más adineradas de la zona, básicamente los grandes comerciantes de cerámica, trigo, cebada y sus los selectos maestros que cultivaban las apreciadas uvas negras.

La fiesta comenzó como las anteriores, los hombres mostraron sus mejores galas, mostrando sus largos cabellos y sus pieles bronceadas. Las mujeres lucían cuerpos de piel más blanca y cubrían sus cuerpos con largas faldas y ropas decoradas con rayas de colores. Atlas tenía una corte de sacerdotisas a servicio y aunque adoraban a los dioses marinos, el culto palaciego estaba destinado a una deidad traída por el gobernador, el “Gran lobo negro “.

Athan cantó las grandes victorias de Atlas y recordó como la civilización había encontrado una luz en la oscuridad, esa luz era Akrotiri y sus habitantes los elegidos para una nueva forma de entender la vida. Después de su épica actuación saludo a sus familiares y allegados y reparo en que el joven de cabello rojo también estaba en la sala. Se acerco a el para saludarle y para presentarle de manera mas formal a su prometida y a su hermanos.

-Bienvenido, espero que hayas disfrutado de la actuación. Athan asió del brazo con delicadeza a la bella Astra y la invito a presentarse.

-Me ha encantado Athan. Así que tu eres la bella Astra, ahora entiendo porqué este maestro de la música consigue su inspiración, rivalizas con las musas, de eso no hay duda.

- Gracias joven viajero. Athan no me ha dicho tu nombre, cuando se refiere a ti te llama “ el errante”, pero seguro que tienes un nombre menos misterioso- dijo Astra mientras hacia una gentil y divertida reverencia.

- Mi nombre no es importante, algunos me llaman Seth, pero un hombre no se define por su nombre, sino por sus actos. Seth sonrió y disculpo ante la pareja, tenia asuntos pendientes que tratar. Antes de irse les deseo una vida prospera juntos y la bendición de una gran familia.

Sin duda “el errante” tenía otro propósito. Alli frente a el volvía a estar uno de sus ancestrales enemigos, si bien fue solo un soldado dirigido por otros seres más poderosos, no dejaba de ser alguien que tenía su nombre escrito en piedra en los pasos de la venganza de Seth. Ahora el bravo guerrero venido del norte se hacía llamar Atlas, tomando el nombre del titán que sujetaba la bóveda celeste, pero su verdadero nombre era Ragnar, en tiempo un antiguo rey de las tierras de Hiperbórea. Seth no quería actuar a la ligera. Sabía que el viejo gobernante contaba con los dones de la noche de su lado, era una poderosa criatura que llevaba milenios alimentándose de la sangre de los más fuertes guerreros y de las más temibles bestias. Asi pues se dedico a observar con cautela a su enemigo, sin duda buscando una rutina en su comportamiento o algún vicio en su alimentación, algo que le llevaría semanas.

Pasaron tres semanas y llego el esperado día del enlace. Athan y Astra se unieron en matrimonio en una ceremonia en el templo de Poseidón, que coronaba el punto más alto de la isla. Acudieron invitados desde todos los puntos de las civilizaciones conocidas. Los gobernantes de las grandes polis griegas, del glorioso Egipto y de Mesopotamia también se unieron, y no faltaron los misteriosos hombres de Thartessos. La tradición dictaba que la gran fiesta tras el enlace durase una larga semana. Pero los gobernantes foráneos abandonaron la isla apenas unos días después, sin duda, el tiempo suficiente para que Atlas hubiera dominado sus mentes a placer y también hubiera tomado esa sangre real que tanto le saciaba. Le gustaba alimentarse de la realeza humana le producía un placer inmenso. La gran ventaja de alimentarse de humanos era que una simple orden era suficiente para hacer olvidar el trance angustioso del mordisco. Muchas veces después de haberse alimentado de sus presas, Atlas solía introducir en sus mentes recuerdos placenteros de orgias, o ensoñaciones, que hacían que los que habían sido mordidos no solo olvidaran el trance, sino que ese vacío en su memoria fuera un “recuerdo” agradable que no sabían explicar muy bien.
Seth se había dado cuenta de la afición desmesurada por la sangre real de Atlas y había encontrado su punto débil. Se había estado dejando ver por palacio y sin duda había dejado caer la información necesaria a los espías del gobernante de que el era un joven príncipe de Thartessos que era “especial”. En poco tiempo, Atlas había recibido esa información y ansiaba beber la sangre de un joven vampiro de la realeza, asi que no fue Seth el que buscó y prepara el encuentro, sino que el mismo Atlas fue el que una noche salió tras el.

Asi fue como en la quinta noche de celebración, Seth se reunió con Atlas, que sin duda había olvidado quien era Seth. Estuvo todo la noche jactándose de su poder y no oculto sus deseos de probar su sangre. Seth fingió ser un vampiro neófito, y sonreía y decía sentirse alagado por tan alto honor, mientras luchaba con su lado más salvaje para no saltar sobre el y desmembrarlo a dentelladas. Según iba pasando la noche, la insistencia del gobernante fue mayor, y Seth accedió a sus deseos. Vertió en una gran copa dorada su sangre y le entrego la copa al ansioso Atlas, que la apuro de un solo trago. La sangre de Seth en sus venas fue un estallido de placer tan inmenso que Atlas perdió hasta la noción del espacio y del tiempo. Cuando se hubo recuperado, su abotagada mente comenzó a despertar, al principio deseando drenar al joven vampiro que creía tener ante el, pero mas tarde, cuando su inteligencia despertó, comenzó a atar cabos, y un miedo inimaginable comenzó a recorrer su cuerpo, con la velocidad del rayo de Zeus desgarrando golpeando la tierra. El pánico le invadió por completo, esa sangre, ese sabor, solo lo había probado una vez anteriormente había sido hace tanto tiempo, que el propio mundo había olvidado esa era. Cuando los dioses eran jóvenes, y la Tierra era el hogar de seres mitológicos ya extintos. No podía ser de otra manera, sin duda se trataba de uno de ellos, de los que creía haber exterminado.

Seth se abalanzo hacia el y le mordió profundamente la garganta mientras intentaba arrancarle la cabeza. La pelea fue tremendamente violenta y Seth tuvo que esforzarse al máximo moldeando las sombras a su alrededor convirtiéndolas en aguijones de oscuridad que ensartaban el cuerpo del gobernante. Cuando todo parecía que iba a acabar allí mismo, Atlas invoco el poder oscuro de la tierra y comenzó a fusionarse con ella, una estratagema que le había salvado la vida en alguna otra ocasión.
-Las entrañas de esta tierra me protegerán. Aquí tu poder es limitado. No tardaré en informar a mi maestro de tu inesperado regreso y cuando eso ocurra podré deleitarme con tu sangre como lo hice con la de la mujer – dijo Atlas mientras su cuerpo terminaba de fundirse n el suelo de la negra tierra.

-El grito de desesperación de Seth se oyó en toda la isla. Había tenido tan cerca la victoria que no podía dar crédito a lo que estaba pasando. Durante un buen rato estuvo contemplando el lugar donde había desaparecido el antiguo. Entonces pensó para si mismo, que si no podía ir tras él tendría que sacarlo de algún modo. Contaba con una gran baza a su favor y era que el arrogante Ragnar había bebido de su sangre, algo que hacía que Seth pudiera controlar parte de su voluntad. Fue entonces cuando entro en la mente del gobernante y comenzó una dura batalla por mantenerle justo donde estaba. Tal vez no tenia poder suficiente para hacerle salir, pero si para mantenerle inmóvil allí abajo mediante una orden que podía prolongar durante años.
-Seth volvió apresuradamente al banquete de boda, estaba sediento de sangre y rabia, y el rencor anegaba su vieja alma, apenas tenía tiempo, pues el amanecer de un nuevo día era inminente. Sin perder ni un solo segundo se dirigió a la multitud:

-Un gran mal se cierne sobre estas tierras, la oscuridad del submundo ha reclamado esta tierra, debéis abandonarla y no regresar jamás. Seth contemplaba a los lugareños impertérrito, mientras sus ojos azules poco a poco se tornaban en de un color amarillento.

Al principio todos se quedaron atónitos ante sus palabras, pero poco a poco sus voluntades humanas fueron cayendo bajo el poderoso influjo de su presencia, unos minutos después, no quedaba nadie en la celebración que no fuera a abandonar esa tierra y no volver nunca. La salida fue apresurada y violenta y sin duda Seth sabia que ese pánico y desorden traerían muerte, pero un precio que estaba dispuesto a pagar, peso a ello tuvo un ultimo gesto de humanidad.

Seth, salió al encuentro de Athan y le sujeto firmemente por los hombros. Organiza la evacuación de isla, te daré un instrumento para navegar y unas ordenes escritas que has de cumplir sin excepciones. Perdóname por arrebatarte tu mundo, a cambio te daré la llave de otro lugar, donde tu gloria será milenaria. Seth abrazo con cariño y fuerza a Athan y mirándole por última vez le dijo:
-Cuida de tu esposa y sálvala, forma un hogar, te veré en tus sueños.

Seth volvió a arengar las masas, desplegando toda su presencia y les mando un mensaje inequívoco.

-En unas hora no quedara vida en Thera, coged solo lo imprescindible.

Athan , Astra y muchos otros organizaron el éxodo del pueblo de Thera y con ellos se fueron los últimos habitantes de una isla amable y pacífica. Con un rumbo explicado en un papiro y un extraño objeto con forma de serpiente emplumada, el pacifico pueblo de thera se echo a la mar, en buscas de costas jamás descubiertas. Los jóvenes se besaron en cubierta, mientras el cielo se rompía en una torrencial lluvia. Athan leyó con calma las explicaciones de Seth, les llevarían a un enigmático lugar, un lugar llamado Teotihuacan, más allá de los confines del mundo.
Cuando seth volvió sobre sus pasos contemplo por última vez el milagro de thera, se maravillo con su arte y su arquitectura. Cuando llego al punto exacto donde Rganar se había fundido con la tierra, inicio un ritual que cambiaria la faz de la tierra para siempre.

Poco a poco fue reuniendo entorno a el, pequeñas sombras, primero las de los animales y arboles cercanos, luego todas las sombras que proyectaban de los bosques, las, casas y cualquier animal que quedara allí, en poco tiempo todas las sombras que se proyectaban en la isla fueron manipuladas por su poder, y con ellas comenzó a horadar la tierra, la fuerza fue tal que el volcán durmiente de la isla comenzó a despertar, Seth se dio cuenta de que no habría retorno, y genero entorno a el una esfera de oscuridad impenetrable. La tierra se agito violentamente y el volcán entro en erupción, la unión de la fuerza de la naturaleza y las artes oscuras de Seth dejo una cicatriz en la Tierra que aún perdura.
Seth entro una última vez en la mente del derrotado Ragnar, para sentir su dolor y regocijarse con el.

-Mi progenie te dará caza maldito engendro, te cazaran y me vengaran
Seth tan solo se limito a decirle unas breves palabras.
-Que las serpientes de fuego devoren tu alma y se pierda en el olvido. Jamás verás Walhalla.

La terrorífica explosión que aconteció segundos después, fue la mayor que ha conocido nuestro planeta. La emisión de polvo oscureció la atmosfera tan intensamente que oscureció el mundo conocido durante nueve largos días, donde se arruinaron todas las cosechas, llegando incluso a continentes que el hombre no había descubierto por aquel entonces. La isla se había hundido en su mayor parte y aunque ya había amanecido, Seth aguantaba en pie, bajo la densa capa de cenizas, que cubria el sol contemplando el devastador resultado de sus acciones.
Extenuado y al borde del agotamiento extremo, Seth cayó de rodillas, trato de encontrar con la mirada algún animal en las proximidades que le pudiera proporcionar algo de sangre, pero ante el solo había destrucción y muerte. Intento reunir sus ultimas fuerzas para arrojarse al mar, podría encontrar sin duda algo de sustento, cuando se levanto, sintió una mano amiga que le ayudo a incorporarse.

-¿ Eres tu Kore? Llévame a un lugar seguro, estoy muy débil.

Kore ayudo a su maestro y le ofreció de su sangre para que pudiera fortalecerse. Una vez se hubo saciado sEth , volvió a reunir fuerzas para poder caminar de nuevo.

-Maestro, ¿Qué es esta terrible devastación que encoge mi alma?, kore intentaba contener las lagrimas ante semejante atrocidad.

-Le encontré Kore, encontré al hijo del lobo negro, a uno de ellos, Tenía que tomar una medida desesperada y lo hice, ahora se hasta donde llega mi verdadero poder,
-¿Qué ocurrirá ahora maestro?, Los antiguos dioses te harán pagar por esto. dijo la sollozante Kore

- Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos, dijo Seth mientras miraba fijamente el horizonte.

Capitulo 16 Anuk

Posted in By Seth 3 comentarios

Anuk comenzó a desmaquillarse tranquilamente. Rehusó amablemente la compañía de sus esclavas y tranquilamente fue despojándose del maquillaje, de sus joyas y de su ropa. Se tumbó en su cómodo lecho, y dejo volar su imaginación. Sabía que cuando lo deseara podría abrir el papiro y ver cuál era el poema que había escrito el “amigo” de Tutanhatón, pero quería generar más expectativa. Se divertía pensando en la posibilidad de que no hubiera ningún amigo y que el pequeño príncipe le hubiera dedicado sus primeros versos, sin dado algo muy tierno por su parte. Por el contrario fantaseaba con la idea de que alguien cercano a ella, pudiera estar utilizando un cauce poco usual para llegar a su corazón. Tal vez Kal –el había dado un paso adelante y viendo que el fin del horizonte de Atón y el reinado de Akenatón estaban cerca, quería mostrar sus cartas antes de que fuera demasiado tarde.
Mientras contemplaba el infinito manto de estrellas, comenzó a recordar con cierto rubor los sueños que habían sido tan recurrentes las semanas pasadas, cuando la comitiva griega y los sacerdotes de seth campaban a sus anchas por palacio. Poco a poco fue prescindiendo de recuerdos que pudieran distorsionar el camino que estaba buscando, lo que trataba de evocar, se dio media vuelta y asió con fuerza una pequeña jarra con agua fresca. Hacía mucho calor y Anuk se volvió a tumbar, esta vez con la jarra fresca sujetada entre sus muslos, mientras con su mano derecha iba a la jarra de vez en cuando para recoger algunas gotas de agua y refrescarse. Tras esta pequeña pausa Anuk volvió a contemplar las estrellas y comenzó a imaginarse un inmenso mar azul, se concentró tanto, que las gotas de agua que dejaba caer de cuando en cuando por sus muslos, le evocaban el mismo mar. Quería encontrar un espacio donde poder irse y dejar su mente en blanco, pero últimamente siempre acababa allí en el mar, en un mar inmenso que inundaba sus sentidos trasportándola. Sabía que había dejado tareas pendientes, y le mataba la curiosidad por saber que había escrito en el papiro, pero quería alargar más esa sensación, estaba esperando a volver a soñar con él. Esa era la verdad, ni el faraón, ni Kal –el, ni siquiera la duda de saber si habría un mañana, lo que hacía agitar el corazón de Anuk era el recuerdo del joven sacerdote de Seth, de su pelo rojo, y sus ojos azules. Todos decían que era peligroso, -“No es uno de los nuestros Anuk”- le había repetido Kal-el varias veces.
El ruido de la jarra al romperse contra el suelo, despertó a la joven Anuk de inmediato. Durante unos segundos miro alarmada en derredor suyo, pero no vio nada preocupante, salvo los trozos de la jarra y el agua derramada en el suelo. Sus criadas entraron rápidamente y una vez comprobaron que todo estaba bien, volvieron a irse. Ruth se había dedicado a poner freno al ímpetu de los guardias por entrar, ya que ningún varón podía ver a Anuk desnuda, si no quería perder la vida. Una vez pasado el susto, las criadas terminaron rápidamente de adecentar de nuevo la instancia y se despidieron de la joven. Anuk se había desvelado y se veía incapaz de volver a dormir, así que encontró ese momento ideal, para abrir el papiro y leer el poema. Le desenrollo cuidadosamente y lo extendió sobre la pequeña mesa de su habitación, se sentó sobre sus rodillas y comenzó a leerlo.



Dicen que caminas entre sombras, que ya no recuerdas mi nombre
Dicen que una vez fuiste amante y esposa de un hombre sin miedo
Pero también dicen que te arrebataron tu vida consumiéndola en el fuego
Dicen que viviste en un paraíso ya perdido, olvidado, que nunca será hallado
Si todo eso es cierto, entonces desafiaré a la muerte, por volver a verte
No encontrare consuelo en esta tierra infamé hasta que su sangre derrame
Pagaran con creces sus pecados, por conseguir que me hayas olvidado
No habrá dios en este mundo que soporte mi ira contra el viento del Norte.


Anuk se quedo pensativa, sin duda no esperaba un poema así evocando un pasado incierto.
¿Quién sería entonces el misterioso amigo del pequeño príncipe?, la teoría de Kal- el cobraba más fuerza, aunque Anuk sabía que aunque sentía algo por él no era lo mismo que sentía por el joven sacerdote de Seth. Si todo se iba a destruir, si conseguía salvar su vida y dejar su Maat intacto, entonces, dejaría Egipto, ya lo había decidido, buscaría un lugar rodeado de mar y dejaría el desierto para siempre.
Todavía no había amanecido, la luna llena iluminaba con fuerza las calles de la ciudad. Desde la ventana de palacio Anuk contemplaba su mundo, aunque ella no sabía que no era la única persona que lo estaba haciendo. A tan solo unos cuantos metros, subido al techo de uno de los templos de Atón, una figura desafiaba al firmamento con extraños canticos. Anuk salió de su habitación hacia la terraza más cercana, quería ver más de cerca el espectáculo. Cuando sus ojos comenzaban a acostumbrarse a la luz de la luna y comenzaba a ver mejor, el cielo se rompió en pedazos y una fuerte lluvia descargo sin piedad sobre la ciudad. Anuk se quedo allí impertérrita, empapándose, no quería perder de vista a aquel que sin duda había provocado a los dioses. El agua se le metió en los ojos y tuvo que aportarse le pelo y parpadear varias veces, para poder enfocar de nuevo la vista. Fue en ese preciso instante cuando perdió de vista la misteriosa figura.

Cuando volvió a su habitación, encontró el suelo mojado con marcas de pisadas. Alguien había estado allí. Recorrió la instancia para ver que estaba todo en su sitio y no faltaba nada. Pero no solo no faltaba nada, sino que al recoger el papiro y enrollarlo encontró un extraño colgante de un material que no conocía, pero que era brillante como el ámbar y de una factura y talla increíbles. Lo observo durante un tiempo, cuando lo toco con sus manos, sintió la necesidad imperiosa de ponérselo, y al hacerlo una voz resonó en su mente

-No te lo quites bajo ningún concepto Anuket.

capitulo 15 Anuk

Posted in By Seth 1 comentarios

Anuk se había despertado muy pronto, no había dormido bien pensando en lo que había pasado con su sustituta. Se encontraba intranquila pensando en las vejaciones y humillaciones que el mago podría haberla hecho. Nada más levantarse salió de sus aposentos en dirección a la instancia de Kal –el. Por el camino encontró algo de alboroto, pero reconoció las mismas caras de siempre de los guarias de palacio, y no vio ni rastro de los soldados de Atón que habían acompañado a Henutsen.Parecía que Alkair volvía a estar al mando. El joven tyaty salió a su encuentro esbozando una ligera sonrisa.

-Venerado Kal- el, estoy intranquila por los acontecimientos acaecidos ayer, por favor te lo ruego llévame con Kore, tengo que saber si esta bien y darle las gracias por este sacrificio. La voz de Anuk transmitía verdadera preocupación.

- Se encuentra descansando en un tempo de su culto, ellos Anuk solo caminan cuando cae la noche, ya sabes que son. Kal- el volvió a romper todo protocolo y formalismo y sujeto ambas manos de Anuk con las suyas

- Todo está bien, no te preocupes, yo mismo la acompañe antes del amanecer fuera de palacio, me dijo que había dominado la mente del mago con engaños sutiles, y que no debías preocuparte. Kal- el soltó lentamente las manos de Anuk y le dedico su mejor sonrisa.

Anuk se paso su mano izquierda por el rostro, estaba claramente nerviosa, aunque ahora el nerviosismo también provenía del trato que en estos últimos días le estaba dando Kal- el. Un trato cálido, alejado de la frialdad de la conducta palaciega, un trato que sobrepasaba los límites de lo permitido sin duda, y que aceleraba el corazón de la muchacha. Anuk estaba muy confusa, su vida había cambiado en apenas un mes de manera radical. Ya no sentía ningún tipo de amor por su faraón, sentía algo más que deseo por su Tyaty, y por si eso fuera poco, estaba él. Aquel que asaltaba sus sueños, aquel que parecía desnudar su alma con sus ojos de serpiente. Anuk respiro se dio media vuelta sonrió a Kal- el y volvió a la Casa Jeneret . Sin duda necesitaba un buen baño y pensar, sobre todo pensar. La situación comenzaba a ser muy embarazosa.

El faraón y su reina Nefertiti, se habían refugiado en sus aposentos y habían delegado todo tipo de contacto y cuidado del resto de sus hijos a sus tutores. Asi fue como Anuk después de haberse relajado decidió visitar al pequeño de la familia, el simpático y risueño Tutanjatón. La joven bailarina siempre había demostrado un gran amor por le hijo que el faraón tuvo con su anterior favorita la bella y frágil Kiya, la cual había muerto en circunstancias sin duda extrañas.
Para Anuk visitar y jugar con el pequeño heredero, era no solo una alegría sino una especie de terapia para aplacar su miedo, su terrible miedo a que los Shemsu Hor se impusieran en esta guerra y que con su victoria anegaran de oscuridad su mundo. Temía por su maat y desde luego la sola idea de que su alma cayera en el olvido devorada por Apofis, era algo que hacía que todo su ser se derrumbara. Cuando esos terribles pensamientos dominaban su mente, poco le importaba ya perder su estatus social, o reafirmarse en su idea de que su historia con Akenatón había terminado. Aunque ostentaba todavía el titulo de la “gran amada esposa”, el trato que recibía no era mejor ahora, que el de cualquier otra, lo que dejaba para ella un panorama desolador.

El pequeño Tutanjatón tenía apenas cuatro años, pero su soltura en el habla y su porte hacían de él un pequeño adorable. Pasaba largo tiempo aprendiendo juntos a un grupo de tutores, entre ellos destacaban las lecciones de Kairka , que no le disgustaban del todo y que solían ser amenas, y por otro lado las de Seti, que eran excesivamente académicas para un niño de su edad y que generaban en el “pequeño faraón” un estado de inquietud casi permanente.

-Bella Anuk he decidido que seas mi esposa. Eres alta, tienes el pelo negro como la noche y tus ojos son bonitos, sabes leer, cuentas los mejores cuentos y no me obligas a comer me todo lo que me ponen, ni a repasar la lección, así que después de pensarlo un rato largo, lo he decidido- ¿crees que deberíamos llamar a Seti para que lo haga oficial?-el joven Tutanjatón

-Pequeñelo, eres muy atrevido. Primero tendrás que crecer un poco más y luego cuando seas un poco mayor seguro que ya no me quieres por esposa – Anuk se ria mientras sujetaba en sus brazos al pequeño.

- Me esfuerzo por crecer Anuk, ayer me concentre mucho y dice Kairka que desde el toro día he crecido mucho y ya soy casi un hombre. Además te he escrito un poema con la ayuda de mi amigo- El jovencísimo faraón se revolvió para bajarse.
Anuk le dejo en el suelo, y el pequeño salió corriendo dando saltitos de un lado a otro preguntando por Seti. Incordio y rebusco por toda la instancia, mientras hacía a todos los esclavos buscar el papiro, mientras repetía, el poemita, ¿dónde está el poemita?

Después de un buen rato. Seti entró en la sala reprendió al pequeño faraón que salió corriendo a refugiarse junto a Anuk.

-Pequeño príncipe heredero, ¿No habrás olvidado la lección de ayer sobre donde guardar tus escritos y cómo?- Seti se inclino ligeramente para reprenderle apuntándole con su dedo índice a la pequeña naricita de Tutanjatón.
El pequeño guardo silencio y apretó con sus manitas el vestido de Anuk, haciendo pucheros, cuando reunió le valor suficiente se dirigió a Seti con medida amabilidad y suma diligencia.

-Ya he recordado donde está el poemita, sus servicios no son necesarios escriba puede irse – Aunque la voz le temblaba un poco intento parecer también seguro, aunque no lo consiguió.

Seti soltó una gran carcajada, y hizo un gesto de negación con la cabeza, acto seguido salió por la puerta de la habitación con paso firme, parecía que el pequeño faraón se había salido con la suya, una vez más.

-Anuk, Anuk, aquí está el poemita, el que me enseño mi amigo. Esta noche te lo lees en tu cuarto ¿vale?, ¿lo harás por mi?, dijo el risueño príncipe.

-Claro que lo haré, mi príncipe. Ahora vete con Ruth, que es la hora de tu baño, y recuerda que tienes que crecer fuerte y sano y entonces igual te dejo que me desposes- Anuk sonreía mientras le lanzaba un beso.

-Una cosa pequeñuelo, ¿Quién ese ese amigo tuyo, el que te ha ayudado?, ¿no será el maestro Kal.-El?

Durante un instante parecía que el pequeño iba a empezar a hablar, pero se detuvo y no lo hizo, sonrió y dijo:

-Es un secreto, futura esposa mía, y debes respetarme. Dicho esto el joven príncipe abandono canturreando la sala.

Anuk se quedo a solas, tranquila y serena pensando en el gran faraón que llegaría a ser Tutanjatón. Tuvo la intención de leer allí mismo le poema, pero pensó que sería mas honorable cumplir su pormesa y leerlo justo antes de irse a dormir, como le había dicho el pequeño. Abandono la sala con el anhelo de recibir buenas noticas sobre el estado del conflicto en la cena, desea recibir buenas noticas, al menos alguna buena noticia.
Design by: WPYAG
Blogger Template by Anshul | Funny Pictures.