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Capitulo 12 Kal -el

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Kal –el se despertó con las primeras luces del alba. No había podido dormir bien. Los hecos acontecidos el día anterior habian turbado su sueño, tenia que actuar si no queria ver la caída de él mismo y de sus compañeros. Sabía que durante el día no podría contar con todo el poder de Seth y de sus seguidores, y que hiciera lo que hiciese tenia que usar a sus más allegados . Tenía que actuar pronto, se repetia una y otra vez, antes de que la gente de palacio se acostumbrara a ver a los hombres de Henutsen gobernarles a placer. Ordeno llamar al gran Alkair y una vez juntos El tyaty le explico sus planes, estos eran recuperar el control de palacio, al precio que fuera necesario. Decidieron doblar la guardia en palacio, una decisión que sin duda molesto y de que manera, al encargado que había sido nombrado por Henutsen, el oscuro mago. Era de proveer que pasados unos minutos comenzara la agitación en palacio, las preguntas, las excusas, todos los pasos dados iban encaminados a dar un golpe de mano rápido y certero. Kal –el organizo concienzudamente la defensa de sus aposentos y su guardia personal estaba preparada para una buena carnicería. Si finalmente se combatía, no habría ni compasión ni prisioneros. La confrontación era casi inminente y el ruido de los Khopesh* presagia un autentico derramamiento de sangre. La rebelión se estaba instalando en “el horizonte de Atón”, y ya no habría vuelta a atrás. Cuando las dos fuerzas se encontraron en el pasillo central cerca de las dependencias de Kal- el , se midieron las fuerzas a primera vista, parecía un enfrentamiento muy igualado, pero Kal- el contaba con una poderosa arma, algo que los supuestos guerreros de Atón habían pasado por alto, y es que nadie llega a ser Tyaty tan joven si no cuenta con poderosos aliados, y los de Kal- el no eran de este mundo.

-Akenatón ha restituido al gran Alkair en su puesto de jefe de seguridad de palacio, vuestro papel queda reservado a la protección de aquel a quien servís, al invitado Henutsen, así pues dad media vuelta, si no queréis ser pasto de Apofis. Kal- el se mostraba majestuoso e incluso su perfecto cuerpo atlético parecía más torneado, sin duda era el hombre más fuerte de Egipto, de eso no había duda.

- ¡No me hables como si fuera tu igual perro del desierto!, ¡deponer las armas o vuestras vidas serán cercenadas!- El guerrero de Atón hizo caso omiso a las advertencias de Kal- el y se lanzo al ataque.

Todo sucedió muy deprisa, a una velocidad imperceptible para el ojo humano. Kal –el y sus guerreros se anticiparon al ataque, y desataron toda la furia de Anubis sobre sus enemigos. Los golpes fueron precisos y demoledores, que destrozaron carne y huesos como si de rollos de papiro se tratasen, despedazaron a sus rivales sin piedad. Los cuerpos mutilados y decapitados de los guerreros de Atón se encontraban esparcidos por todo el pasillo. Kal- el no se había transformado, pero sin duda retenía en su forma humana todo el poder legado por su padre, el caminante Anubis.
Kal –el ordeno recoger los cuerpos y se dirigió con sus leales hombres hacia los aposentos de Akenatón, no encontraron ningún tipo de resistencia a su paso y cuando llegaron a las puertas de sus dependencias escucharon una fuerte conversación entre El faraón y Henutsen.

-Es mi última palabra Henutsen agradezco tus consejos y son prudentes pero Alkair es un hombre honrado con “El oro del coraje”, y no puedo permitir que nadie más dirija la guardia en palacio. Atón me ha hablado esta noche, el disco solar me ha dicho que bajo el brazo de ALkair, estaremos seguros, asi que ni te atrevas a cuestionar eso, Henutsen, nadie conoce mejor los designios de la vida y el tiempo como Atón.

El mago estaba bastante irritado pues estaba desconcertado de ver como Akenatón había escapado en este tema de su férreo control mental, sin duda alguien más tenía acceso a la mente del faraón, de repente sintió un escalofrió, solo había una persona capaz romper su control mental, y dominar una mente ya dominada. La sola idea de imaginar que esa persona estaba aun entre los vivos turbo al mago, que acepto de mala gana la voluntad de Akenatón y salió de la instancia apresuradamente.
Al salir se topo con Kal –el y sus hombres, que le informaron del nuevo cambio de control de la seguridad en palacio.

-Kal- el no sé a que estás jugando, pero te garantizo que si te sigues entrometiendo en mis asuntos con Akenatón tu y tu familia lo pagareis caro. Los ojos de Henutsen solo irradiaban ira, una profunda ira.

Kal –el no contesto se limito a mirarle desde sus dos metros de altura con condescendencia y una leve sonrisa casi malévola. Se aparto a un lado para dejarle pasar y ordeno a sus hombres entrar en la sala .

Cuando entraron Alkair fue tratado como si nada hubiera pasado el fatídico día anterior, recibió la mejor de las sonrisas de Akenatón y Kal –el fue tratado con afecto . Algo había cambiado en el comportamiento del faraón, sin duda los hijos de Anubis no eran los únicos que luchaban por la salvación de las almas de los habitantes de la ciudad, las serpientes de la noche se dedicaban a hacer su trabajo aunque fuera entre las sombras, con la complicidad de la oscura noche.



*khopesh, kefresh o jepesh (ḫpš) es una espada o sable de hoja curva, en forma de "u" o forma de hoz (dependiendo del periodo) con el filo en su parte convexa, utilizada en el antiguo Oriente Próximo y en la zona de Canaán y que se popularizó el Antiguo Egipto.

Capitulo 11 Kore

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La criadas de Anuk habían tenido que maquillarla tres veces, pues sus lagrimas habían roto su maquillaje las dos primeras veces. Se sentía ultrajada, hundida y asustada. ¿Qué seria ahora de ella?, si el faraón era capaz de rebajarla de esa manera a un mero objeto de placer para sus más allegados, eso sin duda significaba el final de su dignidad. Pero Anuk era una mujer valiente, y mientras era maquillada por tercera vez su rostro, se empezó a endurecer, reforzado por la ira y el odio, y sus pensamientos, eran ahora de muerte y de venganza.

Anuk salió en silencio de sus aposentos acompañada por dos guardias de palacio, tuvo un pequeño momento de duda donde casi rompe a llorar de nuevo, pero apretó los labios y pensó que pasara lo que pasara seria el final. Se dirigía con paso firme a las dependencias del mago cuando Kael- el acompañado de una mujer encapuchada les detuvo.
-Anuk , esto no es necesario, ni aceptable. Vuelve a tus aposentos. Nosotros nos ocuparemos de este solucionar este contratiempo.- dijo Kal-el al tiempo que hacia un gesto a los guardias para que se detuviesen.

- Kal- el esto es demasiado peligroso, yo puedo dominar la situación, puedo controlar… - Anuk dé repente se quedo sin palabras, no podía dar crédito a lo que estaba viendo. Los guardias habían caído al suelo sin conocimiento, y la muchacha que había dejado caer su capa al suelo se mostraba ante anuk como si de su propio reflejo se tratara.

Anuk, esta muchacha es Kore, es especial tiene la facultad divina de adoptar cualquier apariencia humana que desee. Ella es una de las cambiantes amenazada por los Semsu Hor. Nos ayudara sustituyéndote, en ciertas tareas. Kal- el intentaba calmar a Anuk, relajando la tensión de su cuerpo y con un tono amable en sus palabras.

Esta mujer es exactamente igual que yo, ¿Cómo puede ser?, Esto no puede estar pasando, yo no sé qué decir –Anuk se encontraba totalmente descolada con la situación, aunque estaba acostumbrada a ciertos acontecimientos inexplicables y de carácter divino, siempre habían sido como ligeras pinceladas en su vida cotidiana, ahora parecía que esos acontecimientos se ponían a la par con los más mundanos, y estaban convirtiendo su vida, en una autentica narración de leyenda.

-No puedo aceptarlo, ese maldito bastardo hijo de mil rameras se aprovechara de ella. Kal –el, no lo permitas, odio a este tipo de hombres, son asquerosos. Anuk se empezaba a recomponer de nuevo y su voluntad era la de hacerlo ella misma, aunque se derramara sangre, o que nadie lo hiciera por ella.

- Nadie la tocará. No debes temer, la sangre de Kore es poderosa y sus habilidades son sobrenaturales, nadie le hará daño. Kal- el beso a Anuk en la frente, sin duda un gesto osado, arriesgado e imprudente por su parte. Anuk se quedo perpleja, pero a la vez tranquila.

-Anuk, el poder de la noche de la tierra negra me protege. Cuando entre en esa habitación haré lo que tenga que hacer para que tu vida en palacio sea tranquila. No has de temer Anuk , eres muy valiosa para nuestro señor. La voz de Kore era tan melosa y sensual que Anuk estaba casi hipnotizada ante su presencia.

-Vuelve a tus aposentos, que nadie te vea. Mañana cuéntales que el mago te trató con cordialidad y que no te puso la mano encima, que solo quería compañía. Dijo Kore mientras le sacaba una de sus pulseras a Anuk de su mano derecha.

- Perdona Anuk, pero había olvidado este detalle, te la devolveré mañana.
Kal- el contemplo como Anuk se daba media vuelta y volvió sigilosamente hacia sus aposentos, una vez solos , el tyaty se volvió hacia Kore y le deseo suerte.
-Ten cuidado Kore no sabemos cuáles son sus verdaderas armas, si necesitas ayuda grita. Dijo Kal- el mientras se disponía a marcharse.

-No te preocupes y descansa, no permitiré que este plan salga mal, mañana el mago estará muy contento de los favores y la atención de la favorita, y vosotros podréis ganar tiempo para averiguar que trama exactamente.

Kore se dirigió con paso firme hacia los aposentos del mago, esta noche iba a ponerle a prueba, a buscar en los recovecos de su mente, sus ambiciones y sus perversiones , y cuando esas puertas estuvieran abiertas, honraría a su señor destripándole, ya que bajo el abrigo de la noche, una serpiente del desierto no tenia rival.

capitulo 10 Akenatón

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Cuando Akenatón entro en la sala de audiencias, acompañado por el misterioso mago y por su esposa la reina Nefertiti, encontró esperándole a todos y cada uno de sus más allegados súbditos. Entre ellos como no podía ser de otra manera, se encontraba el jefe de la seguridad en palacio, el infalible Alkair, el gran médico real Kairka y desde luego su favorita la bella Anuk . Pero los ojos del faraón se habían encontrado con los de la persona con la que más deseaba hablar en ese momento y ese no era otro que su tyaty, el poderoso Kal-el.

-Que llamen inmediatamente a Seti, voy a dictar unos cambios en palacio y unas nuevas normas que se ejecutaran de inmediato.- Akenatón estaba ostensiblemente molesto.

- Kal –el, este es mi nuevo Sacerdote de Atón en palacio. - Dijo el faraón mientras el mago daba un paso adelante. - Todos estáis supeditados a sus órdenes, el ahora es mi voz, mi consejero y mi médico personal. - Akenatón miro con orgullo y desdén a sus súbditos esperando que alguno se atreviera a contestarle para poder ejecutarle de inmediato, pero nadie dijo palabra alguna y un silencio incomodo se instalo en la sala.

- Mi nombre es Henutsen, y en estos momentos de dolor por la pérdida de dos de nuestras princesas, no puedo olvidar, que su muerte ha sido debida sin duda a la debilidad y la traición. Debilidad de aquellos que adoraban a dioses falsos en detraimiento del único dios verdadero el gran Atón. Y traición por ser cómplices y resguardar a proscritos y herejes dentro de los muros de esta ciudad bañada por la luz. Esta noche para dar ejemplo un centenar de adoradores de antiguos dioses serán ejecutados. Akenatón como máximo responsable del orden, no puede permitir que se dañe el Maat. - El mago que había dejado en segundo plano al faraón, también miraba desafiante a los presentes.

Una vez terminadas sus amenazas ordeno entrar a su guardia personal. Ocho corpulentos guerreros ataviados con extrañas ropas, todos ellos con abalorios que les identificaban como fieles devotos de Atón. Su misión principal era custodiar el pasillo que daba a los aposentos reales, pero también la de hacer “desaparecer” a aquellos que se opusieran a los planes de su señor.
Uno por uno el faraón fue dando órdenes expresas a sus súbditos. A kairka le relevo de su mando al frente de los médicos de palacio y le puso bajo las ordenes de Henutsen, el cual ya había anunciado que dirigiría personalmente las embalsamaciones de las princesas. Esta noticia turbo el animo de Kairka, pero al mismo tiempo reafirmo sus ideas de forzar un cambio en el “Horizonte de Atón”. Seti también se vio obligado a estar bajo la supervisión de un nuevo escriba, que provenía de la lejana Babilonia. Aunque bien poco le importaba eso al diminuto maestro del papiro, pues el arrogante mago ya le había dejado claro que las habitaciones que le había sugerido eran indignas de su estatus, y que prefería las más cercanas a Akenatón. Seti solo pudo sonreir por dentro, no quiso que su satisfacción pudiera notarse en su rostro, asi que permaneció impávido ante sus nuevo rol. No corrió más suerte ALkair, que vio como la guardia personal de akenatón organizaba toda la guardia de palacio usurpándole sus poderes y sus tareas. Alkair se había visto convertido en tan solo en unas horas, en un mero soldado más, eso si todavía por encima en rango de sus antiguos soldados.

Con Kal- el las cosas parecía que se hacían con más delicadeza, y si bien el mago le había reemplazado en el tema religioso, sus otras tareas habían quedado intactas, pudiendo seguir organizando la parte diplomática de palacio, junto a los altos cargos de la Casa Jeneret.

Por último quedaba la bella Anuk, su papel en estos diás de dolor sin duda seria consolar al faraón, pero este había tomado una polémica decisión sin precedentes. En privado había ordenado a Anuk que visitara los aposentos de Henutsen esa noche. Semejante acto no puedo humillar más a la joven bailarina, que hizo valer toda su entereza para no caer de rodillas al suelo sollozando. Mantuvo el tipo y respiro profundamente, mientras aceptaba la orden.
Iba a ser una noche muy larga, y todos esperaban que Akenatón entrara de nuevo en razón, por las buenas o por las malas.

capitulo 9 Seti

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Seti había preparado minuciosamente la marcha de sus invitados, que a su vez había sido supervisada por Kal- el. El resultado final de los días de reuniones, cenas y tratados había sido un éxito, y la comitiva griega había prometido volver pronto. Al ser un hombre de rutinas fijas y trabajo diligente, Seti había dejado a un lado todos los sucesos extraños que habían acontecido esta visita, pues se reservaba esa noche para analizarlos con calma. Las noticias que habían llegado a palacio eran que el faraón Akenatón regresaría en apenas unos días. Pero un presagio de muerte rondaba la información que había llegado a sus oídos, pues en una escueta nota, se había pedido que Kairka estuviera dispuesto para llevar a cabo dos embalsamaciones de urgencia. Esa noche Seti, como se había prometido a sí mismo, ordeno sus pensamientos y llego a la conclusión de que los griegos además de advertirles sobre el alzamiento de los seguidores de Horus, ocultaban planes dentro de planes, de los cuales solo Kal- el y Seth parecían conocer sus detalles. Eso le dejaba tranquilo, pero a la vez levantaba en él una curiosidad que siempre había predominado en su vida, el ansía de conocerlo todo, su voraz apetito sobre la información. Algo en lo que ya habían reparado los griegos, algo que Seti consideraba un vicio, pero que para muchos otros era una poderosa arma. Seti había reservado unos aposentos especiales para el mago que llegaría junto a Akenatón, quería tenerlo controlado, conocer todos sus movimientos, y quería que él creyese que los contralaba y mandaba, así que preparó una primera habitación lujosa pero aislada, y luego otra que a todas luces, ofrecía un mejor control sobre aquellos que rodeaban al faraón, incluido a Akenatón mismo, pero que encerraba una trampa, y no era otra que estar en medio de dos habitaciones, y dos pasillos secretos, de los que Seti, era el amo y señor. La noche paso rápidamente y con el día llegaron nuevas noticias, esta vez confirmando los temores del propio Seti, dos de las hijas de Akenatón habían muerto, sin duda una triste y trágica noticia. Hacía muy poco tiempo que había muerto la más pequeña de las seis hijas de Akenatón y Nefertiti, la joven princesa Setepenra, y sin duda este terrible golpe, debía haber minado mucho la voluntad del faraón. Si a eso le uníamos que según decían los griegos, el faraón estaba bajo el control mental de un poderoso mago hacia, que Seti empezara a ver que el sueño de Atón y la revolución cultural en Horizonte de Atón, tuvieran los días contados.
Seti salió de sus aposentos y se puso en marcha para organizar un duro día de trabajo. Necesitaba ver a Kairka con urgencia, pero no pudo dar con el, según parecía había tenido una dura noche de trabajo y todavía estaba descansando, bajo orden estricta de Kal-el de que nadie le molestara. Asi que teniendo en cuenta la gravedad de los hechos, se dispuso a hacer partícipe de ellos a su Tyaty, el cual sin duda optaría por revocar esa orden. Espero impaciente ante la puerta de Kal- el a que Alkair recibiera las órdenes del día, las cuales no eran otras sino salir al encuentro del faraón y escoltarle. Cuando obtuvo el permiso para entrar no dudo un instante en comunicarle los hechos.

-Venerado Kal- el, soy portador de muy malas noticas, dos de las princesas han muerto, creo que debería retirar la orden de no molestar a Kairka y avisarle de la gravedad de los hechos.

- Gracias por la información Seti, agradezco tu ofrecimiento, pero Kairka debe descansar, yo mismo organizare las tareas preliminares, y más tarde llamaré levantar al medico. Se encuentra muy cansado y no podría hacer su trabajo como las princesas merecen. Prepararlas para el viaje no es algo que se deba hacer con premura y sin cuidado, el alma tiene que recorrer un camino y debe hacerse según la tradición sin el más mínimo error.
- Ya he dispuesto la habitación de ese mago, creo que será de tu agrado Tyaty- Dijo Seti mientras esbozaba una ligera sonrisa.

- Sin duda no tienes rival en tus competencias “Gran hombre”, Kal- el le devolvió la sonrisa con un gesto de aprobación.
- Os mantendré bien informado Tyaty. Eso no lo dudéis.

Seti salió de la sala feliz y risueño como un niño, le encantaba sentir que era de utilidad, y más aun le encantaba controlar todo lo que pasaba en palacio. Espero pacientemente a que llegará la tarde y de vez en cuando se paseaba por las inmediaciones de la habitación de Kairka, sin duda tenia cosas que comentarle, y sus rutinarias tareas hacia mucho tiempo que ya no le llenaban intelectualmente, ahora el reto de planear un asesinato, era algo novedoso y excitante en lo que invertir su tiempo.

Cuentos del Paraíso Azul 2

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Cuando era pequeño, el joven Kentu soñaba con el mar. Se había criado cerca del gran lago del sur, y paso su infancia aprendiendo junto a sus padres y hermanos los valores manados de la adoración a Sobek. Conocía la tradición y conocía bien el oficio de la familia, que se había dedicado con esmero al cultivo de árboles frutales durante varias generaciones. Pero sus padres tenían reservada una gran e insólita sorpresa para él, que cambiaría su vida para siempre. Cuando aún era un adolescente, Kentu fue llamado por sus padres una noche de luna llena. Le comunicaron que Anubis le había bendecido con un don, el de poder caminar junto a los hijos del dios por el desierto. El joven sufrió su primera transformación esa misma noche y recibió con orgullo es preciado legado. En poco tiempo se convirtió en el protector de la tribu, y conoció a más cambiantes como él, a más hermanos, todos ellos, eran ahora y por siempre hijos de Anubis. Cuando llego la hora de contraer matrimonio, Kentu pudo elegir sin condiciones a su esposa. Era el líder de la manada y el cambiante más respetado. Durante más de tres días estuvo recibiendo ofrecimientos de matrimonio, que iba rechazando con educación, pero con un cierto aire de pesadumbre, pues no encontraba a la mujer ideal para formar una familia, Kentu se sentía solo e incomprendido, estaba buscando algo pero no sabía el que. Lideraba a su manada y hacía el amor con diferentes mujeres. Cazaba, mataba y honraba a los dioses, su vida era plena, aunque todavía no había encontrado a su compañera de viaje. El tiempo paso, y como la flor del cactus que brota efímeramente, la ilusión se fue apagando de la vida cotidiana de Kentu. Estaba a punto de cumplir ya los veinticinco años, sin duda una edad muy avanzada para no haberse casado y haber sido padre, algo que no gustaba a los más ancianos del lugar. Fue entonces, cuando una noche después de haber dado muerte a unas gacelas, en una de sus partidas de caza, mientras se encontraba descansando, se topó con un joven de cabello rojo, que deambulaba cerca del lago.

-Acércate al fuego si quieres, y caliéntate joven, la noche puede acabar con alguien como tú, si no es precavido- Kentu era hospitalario por naturaleza y no dudo en compartir con el visitante, el fuego y la comida.

- Te lo agradezco, pero me quedaré aquí, aunque el calor del fuego es acogedor, prefiero el abrigo de la noche, se cómo moverme en estas devastadas tierras. El joven se sentó a un par de metros del fuego, y se recostó mirando las estrellas.
- Toda tu vida has estado buscándola ¿verdad Kentu?- El joven continuaba mirando las estrellas mientras del suelo dos pequeñas serpientes jugueteaban en una danza macabra junto a sus pies.

El joven cambiante no se altero, sabía que la noche del desierto guardaba en sus entrañas criaturas que ningún hombre podría soñar, seres tan poderosos y tan viejos, que el mismo mundo, los vio nacer junto a ellos, sin duda Kentu, sabía que ese joven no era un simple caminante de desierto.
-Pero no la he encontrado. Creo que nunca existió, solo recuerdo su perfume. Kentu cerró los ojos y extendió su mano derecha para intentar tocar algo, pero solo encontró el vacio de la noche.

- Buscas algo imposible Kentu, pues no es el perfume de una mujer lo que anhelas, sino el olor de los jardines colgantes de la ciudad que te vio nacer, el ruido de sus habitantes al salir de la gran Casa del Tiempo, el recuerdo de la sonrisa de Anuket, y de aquella vez que nadamos juntos hasta el séptimo anillo.

Kentu comenzó a llorar, sus lagrimas le abrasaban el rostro, poco a poco se daba cuenta de lo que había perdido. Todos los recuerdos comenzaron a agolparse en su mente y una puerta que había permanecido cerrada se abrió, y el recuerdo de una vida anterior emergió en su memoria como un terremoto. Kentu se puso en pie y aulló con todas sus fuerzas a la luna, su alma se estaba desgarrando. Fue entonces cuando busco con su mirada al joven, el cual también se había puesto en pie.

-Sutej, ¡eres tu!, no puede ser, no puede ser. Kentu se abalanzo sobre el y le abrazo con fuerza mientras le zarandeaba.

-Sutej… hace tantos años que nadie me llama por mi verdadero nombre que casi lo olvido. ¿Recuerdas el Gran Azul?, ¿lo recuerdas Inpu?
Las lagrimas de Kentu, no dejaban de brotar, palpaba el rostro de Sutej, mientras le abrazaba una y otra vez, era sin duda el día más feliz de su vida. Tenía un millón de preguntas que hacer y mil cosas que comentar, se sentía de nuevo conectado al mundo, ahora si podía ser feliz.

Los dos viejos amigos compartieron el fuego esa vez, y muchas otras a lo largo de la vida de Kentu. Una vida que fue plena, donde conoció el amor en los brazos de Aitay,” la bendecida”, la cual le dio seis hijos, todos ellos cambiantes como él. Una vida donde vio prosperar a su pueblo, y donde guardo con celo el recuerdo de una vida soñada por los dioses, de un lugar perdido en las arenas del tiempo.
Los encuentros se fueron repitiendo cada vez más espaciados, y un día de invierno muchos años después, el viejo y cansado Kentu, se preparo para su último viaje. Todo el mundo en la aldea pasó a despedirse de él y desearle suerte en su último viaje, aunque los cambiantes solían vivir el doble que un humano, Kentu, era un caso excepcional entre ellos, había vivido casi tres veces más, pues su sangre era singularmente poderosa. Pero el fin estaba cerca y en ese momento cerró los ojos y soño con su amado paraíso azul, con Sutej, con Anuket, con el palacio de los espejos y la avenida de las fuentes y sobre todo soño con el calor de tantos otros a los que echaba de menos, sus padres, sus hermanos, y aquellos maravillosos seres que habían traído la armonía al mundo. Intento evocar nuevamente y por ultima vez el recuerdo de ese mundo, cuando sintió como era envuelto en la más absoluta oscuridad, perdiendo la noción del tiempo. Cuando abrió los ojos alertado por el inconfundible olor de los titánicos jardines colgantes de su ciudad soñada, no pudo contener la lagrimas. Camino lentamente por las avenidas iluminadas por una luz turquesa que parecía robada directamente a los dioses, ningún hombre, o criatura podía imaginar ese lugar, la morada de los dioses, el sueño eterno. Kempu escucho unos pasos detrás de el y se dio la vuelta tranquilamente, esperando encontrar a Anubis para que le llevara al juicio por su alma, pero encontró a un viejo amigo, eternamente bello, eternamente joven.

-Ya estás en casa amigo mío, ya estás en casa, dijo Sutej mientras sonreía.

capitulo 8 Kairka (continuación) 2

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Kairka había sido despertado de su placentero sueño, Kal –el requería su inmediata presencia cerca de las cocinas. Mientras se vestía comprobó que los soldados estaban uniformados cuidadosamente para combatir el frio de la noche y era muy posible que su Tyaty le quisiera para algún asunto fuera de palacio, así que anticipándose a los acontecimientos se vistió de forma adecuada para soportar las bajas temperaturas. Una vez en las cocinas esperó con paciencia a Kal- el y se lleno de satisfacción al comprobar que el objetivo claro de esa noche, era lo que ellos mismos solían llamar “centrar las cosas”. Tras una breve conversación con su guardia personal, les ordeno que esa noche reforzaran la seguridad en los aposentos de Seti, Anuk y Alkair, algo que no dejaba de preocupar al joven médico. Una vez todo quedo asignado salieron de palacio y deambularon por las calles de la ciudad, perfectamente trazada y planificada, casi de ensueño. Un mérito que ni siquiera en estos momentos Kairka le quería arrebatar a su turbado faraón.

-Detengámonos aquí Kairka, debemos esperar a un amigo. - Kal -el se mantenía alerta vigilando que ningunos ojos curiosos supieran que hacían allí.

- ¿Un amigo?, si tu lo dices. - Kairka ya sabía de quien se trataba, y no era una cosa que le tranquilizara ni mucho menos.

La luna brillaba esa noche con gran intensidad y la vista del joven médico ya se había acostumbrado a la oscuridad, cuando pudo ver al final de la gran avenida principal a un joven caminando con paso firme. Kairka confirmo nuevamente sus sospechas. Nada bueno podía salir de aquel encuentro.

Cuando Seth llego a su altura se descubrió el rostro y sonrió. Saludo con respeto a Kal-El y se quedo mirando fijamente a Kairka, que comenzó a sentirse más tranquilo. Una vez acabaron los saludos y las formalidades Seth tomo la palabra.
-Su casa está cerca del templo de Atón, en la cara sur, debemos ser rápidos y precisos. Kairka, tu atenderas a la mujer en el parto y Kal- el y yo nos ocuparemos del huésped.
- ¿El parto?, ¿qué parto?, ¿ de qué estáis hablando?- Kairka miraba a Kal- el en busca de una mirada amiga, estaba realmente desconcertado.

- Si es quien dice ser, Seth, no va a ser tarea fácil, deberíamos evacuar la zona, alguien podría salir herido, alguien inocente. - Kal –el miro a Seth esperando su aprobación.

- Siempre muere algún inocente Kal- el, no podemos arriesgarnos a que se escape- Seth desenvainó una espada con el filo negro como la noche e inicio la marcha.

- vamos Seth, tu no eres así, haz eso que sabes hacer tan bien, diles que no salgan de sus casas… Seth ¡por favor!. - Kal- el sujetaba el brazo izquierdo del joven sacerdote con amabilidad, pero con firmeza, esperando una respuesta.

- Esta bien, vosotros adelantaros, yo me ocupare del resto, pero no actuéis hasta que yo no esté de nuevo con vosotros, ¿me oyes Kal- el?, no lo hagas. - Seth envainó su espada, acelero su paso y de un potente e inhumano salto subió al segundo piso de la casa más cercana. Una vez allí se perdió en las sombras.

- Algún día tienes que decirme de que va todo esto Kal- el, porque me va a provocar un mal en el estomago, y no es broma. - Kairka sonrió y paso su mano por encima del hombro de Kal- el, - Vamos amigo mío a ver qué nueva aventura me has preparado.

Pasaron los minutos, y llegaron con sigilo a la casa marcada. Entrar sin ser vistos fue relativamente fácil. Esperaron agazapados y en absoluto silencio la llegada de Seth. La espera se hizo casi eterna, y cualquier ruido por mínimo que fuera aceleraba el corazón de Kairka, el cual se sentía como un vulgar ladrón rondando en casa ajena con la complicidad de la noche. Kal –el desenvaino su espada lentamente y Kairka le miró perplejo y en voz muy baja le dijo:

-Espera al sacerdote Kal –el , que nos vas a meter en un lio. Dijo kairka mientras miraba a Kal- El con aspecto de reproche.

-No te preocupes, esta delante nuestro. Puedo oler a esa serpiente del desierto a cientos de kilómetros. - Kal- el se incorporo y tomo una forma defensiva.
Cuando Kairka focalizó la vista al pie de la escalera, vio como las sombras comenzaban a arremolinarse en el suelo y poco a poco se elevaban dando forma a una figura de aspecto familiar, que no era otro el joven sacerdote de Seth. Una vez completada la transformación, pudo ver claramente los escalones que conducían al piso superior iluminados por el filo de la espada del joven.

Al empezar a subir las escaleras notaron un olor a carne podrida nauseabundo. Y comenzaron a escuchar gruñidos y llantos. Agazapados en las sombras, vieron que en la habitación más próxima una mujer en avanzado estado de gestación se encontraba maniatada a la cama, y con un aspecto de desnutrición severo. Kairka en un primer vistazo se dio cuenta de que no pasaría de esa noche si no era liberada. En el suelo de la habitación yacía un hombre corpulento al cual habían despedazado. Sus miembros estaban esparcidos por toda la habitación y su cabeza parcialmente devorada estaba clavada en una lanza junto al acceso a una pequeña instancia contigua.

Seth se arrodillo en el suelo de la habitación y estirando su mano manipulo las sombras de la misma hasta que formo una perfecta y casi solida barrera de oscuridad separando las habitaciones. Kal- el entonces se giro hacia Kairka y le dijo:
- Quédate aquí no te muevas. Y por lo que más quieras, salva a esa mujer y a su bebé, y no mires al otro lado, si no quieres perder la cordura.

Kairka cerró por un instante los ojos y vio como seth y Kal- el penetraban en la oscuridad. Al abrirlos se encontró solo en la habitación y rápidamente desató a la mujer. Se puso manos a obra, y rezo al gran Thoth, para que pusiera en marcha todo su conocimiento aprendido en la “casa de vida”. Kairka rebusco en la habitación y bajo una y otra vez abajo buscando cualquier cosa que le pudiera ayudar con el parto, y sobre todo algo para darle fuerza a la joven embarazada, que apenas se encontraba con un hilo de vida. El tiempo parecía jugar en su contra, pero Kairka era un hombre sabio. Por eso aun siendo tan joven, era el médico real, había sustituido con creces a Pentu, y había elevado el conocimiento de la medicina un nivel más. Pero esta no era la forma más adecuada de trabajar, con apenas luz, improvisando lo que necesitaba cada vez, y escuchando de fondo una serenata de aullidos, gritos y llantos que hacía casi imposible que pudiera concentrarse. Pero aun con todo y con eso, Kairka se impuso y Thoth le bendijo con la gracia de traer al mundo una nueva vida.

El bebé había nacido sano, pero la madre se encontraba ya muy cerca de tener que rendir cuentas ante Horus, su muerte era casi inminente. Kairka grito pidiendo ayuda, ahora la medicina no bastaba necesitaba algo de magia, y de eso el no sabía nada. Fueron unos minutos muy tensos, mientras el joven doctor, veía como esa pobre muchacha iba muriéndose poco a poco. Cuando todo parecía llegar a su final irrumpieron en la habitación dos grandes criaturas humanoides con cabeza de Chacal. Para Kairka no había duda, eran los guerreros ancestrales de Anubis, que venían a reclamar el alma de la joven desde el inframundo.

Pero no fue así, y uno de ellos, que portaba un báculo, con una gran turquesa incrustada en el, se arrodillo ante ella, y comenzó unos extraños rezos en una lengua muy antigua, de la que Kairka apenas podía entender algo. Una luz azul ilumino la instancia y penetró por la boca de la joven insuflándola de nueva vida. Kairka apenas podía contener su miedo ante esa increíble visión y se arrodillo pegado a una esquina de la pared, esperando un final rápido e indoloro para el. Pero Kairka no encontró eso, sino más bien unas palabras amables de gratitud que apenas puedo entender, y después de eso la calma. Los hijos de Anubis habían abandonado la sala y se habían llevado a la mujer y al bebé y fue entonces cuando Kairka rompió a llorar, mezcla de la tensión, el miedo y la satisfacción por haber salido airoso de semejante empresa,pero su cuerpo decidió darse un respiro a tanta tensión y cayo sin conocimiento al suelo. Desde el otro lado de la habitación Kal –el y Seth le observaban con admiración, habían terminado su trabajo, ya solo quedaba regresar a casa.

-Sin duda es uno de los nuestros, siempre fue el mejor. Kal- el recogió a Kairka y lo cargo sobre sus hombros.

- Y pronto se acordara de ello, muy pronto. - Dijo seth al tiempo que se fundía en las sombras, para perderse en la profunda oscuridad de la noche.

capitulo 8 Kairka (continuación)

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Kairka estaba totalmente desconcertado, todo cambiaba rápidamente en “el horizonte de Atón”. La fortuna era variable como la luna, y en poco tiempo te podía sonreír o darte la espalda. Kairka estaba seguro de que esta vez la fortuna, les había abandonado para no volver. Decidió pasar esas últimas horas antes de la reunión repasando mentalmente el comportamiento de sus invitados, de sus amigos y de el mismo, esperando encontrar una conexión entre ellos. Tan solo pudo llegar a una conclusión muy arriesgada, los griegos podían manipular las mentes a voluntad, algo que sin duda le producía un enorme terror.

La cena estaba a punto de comenzar. La sala nuevamente había quedado despejada y solo estaban unos cuantos elegidos. Kairka confirmo sus sospechas al entrar en la sala y relajarse por completo. No era normal sentir tanto terror antes de entrar y encontrarse terriblemente cómodo en presencia de la comitiva griega, aunque viéndolo ahora desde la renovada tranquilidad, que importaba quienes eran y que propósitos ocultaban, si eran unas personas tan agradables.
Esta vez junto a la abundante comida y la bebida no hubo lugar para el subterfugio, y los griegos no ocultaron sus verdaderos apetitos. Kairka pudo comprobar como el contenido de sus copas no era sino sangre. En otras circunstancias el mismo habría ejecutado a esas bestias del inframundo, pero Kairka era muy consciente de los poderes que le rodeaban y sin duda se sentía más cómodo en su nuevo rol observador. Además Kal- el le había asegurado que los griegos estaban de su lado, y fueran o no humanos que desde luego no lo eran, estaban allí para velar por ellos.

-Los sacerdotes de Horus se van a alzar en breve Kal-el , pero no será ahora. Sus planes a corto plazo son los de introducir en palacio a uno de sus magos más experimentados y controlar poco a poco el entorno del faraón, al que por cierto tiene ya bajo su control mental. Nosotros dejaremos mañana el palacio para no levantar sospechas y borraremos selectivamente el recuerdo de que estuvimos aquí, solo dejaremos que unos pocos sepáis la verdad.- Homero hablaba con cordialidad mientras todos los demás en la sala prestaban atención a la conversación sin apenas parpadear.

- ¿Quién está manejando a las masas en Tebas?, son ellos los Shemsu Hor?- dijo Kal –el mientras servía un poco más de vino a Alkair.

- No, las revueltas de Tebas, no tienen nada que ver con esto. Aquí están ocurriendo dos cosas a la vez. Por un lado tenemos a los humanos cansados de un faraón al que se le agota el crédito y que tarde o temprano acabaran con esto. Algo que a nosotros no nos importa y que a vosotros tampoco os importara en el futuro. Otra cosa es lo que está pasando en las entrañas de esta nación, los Semshu Hor han despertado y quieren aniquilar a todas las criaturas mágicas de esta tierra. Cambiantes, magos, Primeros Nacidos, animas, quieren acabar con todos. - Homero hizo un gesto con su mano para que la gente se acercara más a el. El tono de su voz se torno más leve, y su complicidad más intensa.

- Ellos quieren acabar con miles de años de tradición, son ellos los que realmente quieren imponer un único dios, pero no a los mortales con sus efímeras existencias, sino a nosotros los que caminamos en las sombras.
- ¿y por qué deberíamos nosotros preocuparnos por vosotros?, ¿acaso no somos también mortales?- Kairka había conseguido con gran esfuerzo replicar las palabras de Homero.

- Porque si no nos ayudáis Kairka, los Semsu horn, asesinaran a todos los herejes de palacio, e irán primero a por los más próximos a Akenatón. Os maldecirán para siempre y vuestras almas caerán en el olvido, devoradas por Apofis, por eso nos vais a ayudar Kairka, porque depende vuestra alma de ello.
Un silencio angustioso inundo la sala de temor e incertidumbre, y todos los egipcios sintieron un terror como jamás lo habían sentido. Anuk apenas podía retener las lágrimas en sus ojos, y Seti y Alkair se habían quedado petrificados, el rictus de terror de sus rostros era casi inhumano.

-Pero no tengáis miedo, porque tenéis al mejor de nosotros protegiéndoos, a vuestro Tyaty. Kal-el es sin duda un seguro para vuestras vidas y el y su pueblo velaran por vosotros. – Esta vez había sido Orfeo el que había hablado mientras acaricia con sus dedos una preciosa lira de plata.

La cena continuo y los griegos como habían prometido se dedicaron a enredar en las mentes de quieren creyeron conveniente, tenían que saberlo todo, pero igual era mejor que no recordaran todo, especialmente lo de la condenación de sus almas, algo que sin duda era muy importante para sus creencias . Así que encerradas entre las notas musicales de la lira y del canto hipnótico del joven Orfeo , salió una canción tranquilizadora que borro esa angustia por sus almas, aunque también reforzó la idea de que había que luchar contra el alzamiento de los seguidores de Horus. Poco a poco la sala se fue despejando de comensales y al final solo quedaron los jóvenes egipcios, sentados en circulo y sin mediar palabra, esperando que alguno de ellos hablara, pero nadie lo hizo. Cuando estaban a punto de levantarse para irse, Kairka vio como el joven sacerdote de seth no había abandonado la sala y les observaba desde la puerta.

-¿Quieres unirte al grupo sacerdote?, ¿tienes algún plan para salir de esto?- Kairka le sonrió con tono irónico.

- Solo uno, - respondió Seth. - Un baño de sangre.
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